La prestigiosa revista -reconocida por sus ránkings de empresas top globales- decidió elegir a los emprendedores sociales con mayor impacto en el mundo: Forbes Impact 30.
La lista la encabeza Rafael Álvarez, un ingeniero mejicano, que tras trabajar más de 11 años en HP creó una organización, GenesysWorks, que ofrece a los estudiantes de escasos recursos económicos una beca para, durante su último año de escuela, se especialicen en perfiles tecnológicos y trabajen en grandes corporaciones de Houston y Chicago. El objetivo: convencer al estudiante, y a la empresa, de que cualquier persona, con la motivación y entrenamiento adecuados, pueden alcanzar el éxito.
Este ránking considera a “las personas que utilizan los negocios para resolver problemas sociales“. Es decir, no son solo organizaciones sin ánimo de lucro; se trata, sobre todo, de empresas que crean y venden productos o servicios.
El segundo lugar es para Álvaro Rodríguez, que ha creado un fondo de capital de riesgo de impacto, llamado Ignia, que invierte en empresas que trabajan para ayudar a los millones de mexicanos que carecen de vivienda digna, servicios médicos y agua potable. Esta compañía ayuda a gente que no cuenta con tarjetas de crédito ni teléfonos celulares.
El tercer lugar corresponde a Richard Barth y su Fundación Kipp (Knowledge Is Power Program, Programa Conocimiento es Poder). Es una idea simple, pero funciona: Mantenga a los niños en la escuela más tiempo y tengan más información de ellos. Los estudiantes de los 109 escuelas Kipp de Estados Unidos asisten a clase de 7:30 am a 5 pm (dos horas y media más que la mayoría de los otros niños), además el sábado y durante tres semanas adicionales en el verano. En 2010, el 98% de Kipps de octavo grado superaron a sus pares en la lectura y el 90% eran mejores en matemáticas.
Otros emprendedores a destacar son Scott Harrison y su Charity Water, que está llevando agua limpia a más de 2 millones de personas en 19 países o Jacqueline Novogratz, creadora de Acumen Fund, un fondo de ayuda a emprendedores de países pobres.
También se destaca a Sam Goldman y Ned Tozun, dos jóvenes de 32 años que han creado D.light Design, una compañía que fabrica lámparas portátiles alimentadas por energía solar. Las lámparas que fabrican estos dos ex-alumnos de Stanford se venden a precios razonables, de US$10 a US$40, en más de 30 países.
Por su parte, Wendy Kopp creó Teach for America, una iniciativa apasionante que busca acabar con el fracaso escolar y las desigualdades educativas en Estados Unidos. Para ello, recluta a algunos de los mejores licenciados de las mejores universidades del país y les entrena para triunfar enseñando en las escuelas urbanas y rurales más deprimidas. En 21 años, 33,000 profesores han enseñado a más de tres millones de alumnos. Ahora, Wendy está exportando Teach for America a otros países.
Forbes también ha incluido el emprendimiento de Jane Chen: un saco térmico para bebés, pensado para paliar las muertes de niños prematuros en países pobres en los que los hospitales no pueden permitirse incubadoras y no gozan de sistemas eléctricos que garanticen los adecuados niveles de calor que necesitan los nacidos antes de tiempo. El saco que ha creado permite mantener durante horas la temperatura corporal. Según datos de Embrace Global, la organización de Chen, cada año nacen 20 millones de niños prematuros o con bajo peso y 450 muere cada hora.
Ton Szaky, un estudiante de 20 años que abandonó la Universidad de Princeton y creó una empresa, Terracycle, que recoge residuos en 14 países y los convierte en productos para el colegio, para la oficina o para el jardín con un toque “fashion”. Los vende en grandes almacenes como Walmart y dona a obras sociales 2 céntimos de dólar por cada desperdicio que recupera.
Vía La información





